y ese día todos salieron a la calle
no quedó ni uno en las oficinas
esos pocos vieron caer sus números y especulaciones con desesperación
acaso se puede especular mientras la gente es gente?
y aterrados tuvieron que esperar
porque ese día estábamos cansados
no solo de lo nuestro, sino de lo de todos
y salimos, y de la mano bailamos
las calles estaban inundadas de nosotros
los edificios vacíos se dieron cuenta de que éramos impredecibles como nuestra danza,
nos emborrachamos, gritamos, tuvimos sexo, nos peleamos entre nosotros, comimos choripan
y esos pocos temblaron mientras los números caían
al día siguiente volvimos a nuestras cosas, la oficina recobró su ritmo cotidiano
y quien diría, nada a cambiado,
los edificios siguen llenos, allá en el África la gente sigue muriendo de hambre
aquí a unas cuadras a nadie le importa.
pero el que preste atención a esos pocos ojos
verá sin muchos esfuerzos que el terror quedó gravado en ellos
porque de ahora en más
y el día menos pensado
querremos salir a la calle, y volver a bailar un rato
con el otro, por el otro, sin gas o piedras
solo por bailar, por dejar las oficinas, por volvernos impredecibles
mientras algunos números caen.
¿Tan débiles son estos edificios que temen que bailemos un poco?
r.g.a.




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